Es encomiable que Humberto Moreira dé la cara por la parte de responsabilidad que pudiera tener su gobierno en el brutal y absurdo homicidio de los familiares del fallecido ex alcalde saltillense Eleazar Galindo Vara, pero no es suficiente con hablar: hay que actuar.
Estos crímenes no pueden, no deben quedar impunes, y no porque las víctimas hayan estado ligadas a la iniciativa privada y a la política local, sino por el entorno en que se dieron los trágicos acontecimientos y, sobre todo, porque son policías estatales los principales sospechosos.
De inmediato, el gobernador debe separar de su cargo al fiscal Jesús Torres Charles, acuartelar a directivos y agentes policiales involucrados y ordenar una indagación desprovista de ingredientes políticos o afectivos, para esclarecer los hechos hasta sus últimas consecuencias.
Habrá quien diga que el Fiscal no fue personalmente a balacear la camioneta en la que murieron María Angélica Galindo Sánchez y sus hijos. Tienen razón, pero Torres Charles es tan o más culpable que quienes jalaron los gatillos por tratar de evadirse jugando irresponsablemente con la información para que pronto se le eche tierra al asunto.
Dijo, por ejemplo (comunicado de la Fiscalía General del Estado), que en el sospechosamente peliculesco operativo de la madrugada del domingo, desde una camioneta tipo Avalanche de color negro realizaron disparos a los elementos de la Policía del Estado y en persecución hacia el sur, detectaron un vehículo de “similares características” en el estacionamiento de un centro comercial en Bellavista. Los muertos viajaban en una Avalanche de color blanca. ¿Puede uno confundirse? A menos que se sufra daltonismo.
Versiones de la propia fiscalía indican que un elemento “pie a tierra” le dio el paso a los civiles e incluso le dijo a María Angélica Galindo Sánchez que se dirigiera a una gasolinera cercana. Torres Charles aseguró que “a lo mejor por miedo”, la conductora prosiguió su camino y ahí sobrevino una balacera que nadie ha podido explicar bien a bien.
Se habla de que desde un carro Sentra –que no son tan poderosos como los que usan policías y delincuentes-, comenzaron a dispararle al convoy. Extrañamente no se sabe de algún herido o muerto en ese vehículo, y se aseguró el Fiscal que los vehículos de los facinerosos eran parecidos al de los asesinados. ¿Son parecidas camionetas en colores blanco, azul, rojo y amarillo? Los datos sobre los colores los dio el funcionario.
La dependencia indicó que María Angélica Galindo Sánchez recibió 10 impactos de bala; su hija Karla Alejandra Siller Galindo 16, y su hijo Ricardo Siller Galindo 6. En el lugar fueron recogidos nada menos que 209 casquillos de diferentes calibres, lo que revela una cruenta carnicería dirigida exclusivamente a la Avalanche blanca, tal vez a sabiendas de que iban civiles, como se sabe lo gritó un efectivo a sus compañeros.
Es más creíble que este fatal desenlace se haya debido al miedo cerval de los agentes a ser “madrugados”, pero si salen con miedo, ¿entonces para qué andan de policías si no saben reaccionar en situaciones de peligro que involucran a personas inocentes? ¿O ya llegamos al punto del “mátalos y después virigüas”, con que el dictador Porfirio Díaz solía deshacerse de sus enemigos? Qué lamentable que esto pudiera llegar a permear en la sociedad coahuilense.
Por lo que respecta al Gobernador de Coahuila, debe tratar con pinzas este espinoso caso debido a que su proyecto, pacientemente elaborado y el en que se esfuerzan tantos simpatizantes, puede ser echado al bote de la basura por la acción de un solo hombre: el fiscal Torres Charles. Si Humberto Moreira quiere mantener el nivel de aceptación que tiene entre la ciudadanía, y además no verse afectado en sus aspiraciones nacionales, debe actuar, no desvanecer o embarrar culpas.
“Aquí se admite con hombría que hubo un gran error por parte de policías que participaron, si la Secretaría de Gobernación dice que no eran federales, que eran estatales, me están dando la razón en lo que he dicho que esta guerra la iniciaron ellos y nos quedamos nosotros con todo este problema”.
Se refería Moreira a un comunicado de la Segob en el que deslindaba a policías federales de los hechos. Bien por el gobernador; ahora que las palabras se traduzcan en la corrección del error, en lo que toca al estado.