jueves, 19 de enero de 2012

Cigarro, más peligroso que la marihuana

  • Estudios demuestran que la nicotina afecta las proteínas, las encimas que regulan cambios genéticos, lo que podría explicar por qué la nicotina podría actuar como una droga de entrada a otras, porque aumenta los efectos reforzadores de otras drogas como es el caso de la cocaína

    • Foto: Archivo Vanguardia

    Ciudad de México. La directora del National Institute on Drug Abuse (NIDA) de Estados Unidos, Nora Volkow, destacó que el consumo de cigarro representa un riesgo mayor que la marihuana como droga de entrada a uso de narcóticos más fuertes como la cocaína.

    Al dictar la conferencia "Lo que nadie nos enseñó sobre la nicotina", en el Instituto de Enfermedades Respiratorias de la Ssa, refirió que se ha dado mucha atención a la marihuana como droga de entrada, mientras al cigarro se le ve como menos peligroso, pero no es así pues estudios recientes en Estados Unidos lo demuestran.

    Volkow Fernández agregó que el concepto de que la marihuana es una droga más suave y permite abrir la puerta a drogas más duras tampoco es cierto; sin embargo, hallazgos epidemiológicos muestran que no es ese enervante la puerta de entrada a fármacos duros sino el tabaco.

    Incluso, observó, casi toda la gente que fuma marihuana, antes de hacerlo, consume cigarro o alcohol, por lo que se debe considerar el concepto de que quizá el tabaco es una droga de entrada, al igual que el alcohol, para la marihuana y otras sustancias duras.

    La especialista refirió que hace seis meses se efectuó un estudio en la Universidad de Columbia, dirigido por Eric Kandel, Premio Nobel en Neurociencias, que revela los mecanismos por los cuales el cigarro puede actuar como droga de entrada a otras más severas.

    Estos estudios demuestran que la nicotina afecta las proteínas, las encimas que regulan cambios genéticos, lo que podría explicar por qué la nicotina podría actuar como una droga de entrada a otras, porque aumenta los efectos reforzadores de otras drogas como es el caso de la cocaína.

    La directora del NIDA abundó que estos hallazgos también inclinan a los investigadores que evalúan si el alcohol tiene los mismos efectos de la nicotina como droga de entrada.

    Comentó que en el estudio de la Universidad de Columbia se le pregunto a personas que abusan del consumo de cocaína si fumaban antes de empezar con esta droga dura, y 97 por ciento de ellos respondieron que cuando consumieron por primera vez cocaína estaban fumando cigarros con nicotina, y sólo tres por ciento empezó cocaína sin haber usado tabaco.

    El estudio revela que al usar crónicamente cocaína ocurren cambios que aumentan la plasticidad de los sistemas de refuerzo de drogas en el cerebro, y en el experimento se expusieron a animales a la cocaína de manera crónica, mencionó Nora Volkow.

    Lo que hace la cocaína, explicó, es producir cambios en la cromatina que la abre y permite leer a factores de transcripción en los genes; se hacen cambios en las células que tienen que ver con la redistribución de los receptores y cambia la conducta de los animales, al tiempo que los hace compulsivos.

    Volkow Fernández expuso que lo interesante es que una semana antes de que se le diera la cocaína a estos animales se les suministró nicotina de manera crónica o constante, y al darles la nicotina se observó que estos cambios fueron mucho más rápidos.

    En cuanto a los medicamentos para dejar de fumar, consideró que se está en la edad media pues sólo se tienen siete aprobados y de ellos sólo tres son los más efectivos, pese al grave problema de mortalidad por la adicción al cigarro, al morir en el mundo cada año siete millones de individuos a consecuencia del tabaquismo.

    Informó que la mayoría de los medicamentos son remplazadores de la nicotina y los otros no son tan efectivos, pues sólo logran una abstinencia a los seis meses en 33 por ciento de los adictos al tabaco que probaron con este método para dejar de fumar.

    Por ello recomendó la combinación de medicamentos, con lo que se aumenta la abstinencia a 60 por ciento, el doble que en el uso de medicamentos aislados, pero la posibilidad de usarlos realmente es difícil pues su costo es alto, de más de 300 dólares mensuales, y se requiere por lo menos tres meses de tratamiento más terapia.

    Otra opción, sugirió la experta, es la Cyticina que se ha usado en las repúblicas soviéticas por 40 años como tratamiento para dejar de fumar y se llama Tabex; en Polonia el tratamiento cuesta 15 dólares y en Rusia seis dólares.

    Informó que con este medicamento para dejar de fumar se hicieron pruebas y en un tiempo de tratamiento de 25 días se logró una abstinencia en el fumador de un año, lo que ofrece una alternativa terapéutica.

    Finalmente, Nora Volkow descartó que la vacuna contra la nicotina sea lo mejor y se logre tener pronto, pues dicho biológico, que está en prueba a nivel clínicas, consiste en unir la nicotina con un antígeno para generar anticuerpos que se unen a la nicotina e impidan la entrada al cerebro.

kg

martes, 17 de enero de 2012

Salud Mental



Opción para enfermos mentales
Falta difusión a cirugía contra padecimientos del sistema nervioso central

Permite aliviar males siquiátricos como depresión y ansiedad, afirman médicos

Deploran que sólo se realicen dos o tres procedimientos al año en hospitales públicos

No es por falta de capacidad, asegura neurocirujano del IMSS








Periódico La Jornada
Martes 17 de enero de 2012, p. 2

Aislamiento social y discriminación es lo menos que sufren las personas con alguna enfermedad mental, sobre todo cuando a pesar de los tratamientos médicos no logran el control de los síntomas más graves. Entre 20 y 30 por ciento de los afectados no se ven beneficiados con el uso de fármacos. Lo peor es que algunos han tomado medidas extremas, como el suicidio, sin saber que existe la cirugía estereotáctica funcional, que los ayudaría a mejorar su calidad de vida.

Si bien es limitado el acceso a los servicios de salud mental en el país, lo es más el conocimiento sobre esa técnica quirúrgica, que se practica desde hace más de 50 años para aliviar males del sistema nervioso central, entre ellos los siquiátricos, como la depresión, los trastornos obsesivo-compulsivo y bipolar, la ansiedad, la agresividad incontrolable, el dolor crónico e incluso los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia).

La razón de tal desconocimiento es simple: apenas una treintena de neurocirujanos en México cuenta con entrenamiento especializado en cirugía estereotáctica funcional y, de éstos, unos 10 han realizado el procedimiento para aliviar padecimientos mentales.

Dos de ellos son los neurocirujanos Rodolfo Ondarza Rovira y Luis García Muñoz. El primero atiende en el hospital Ángeles del Pedregal, y el segundo en los hospitales General de México y de especialidad del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Cada uno en su ámbito enfrenta la misma situación: los pacientes siquiátricos no llegan a sus consultas porque no hay quien les diga de esa opción terapéutica.

Si acaso, agrega García Muñoz, en los hospitales públicos se realizan dos a tres procedimientos de este tipo por año,y no es por falta de capacidad, que la hay, sino por la inexistencia de un sistema de referencia eficaz, que debería empezar con los siquiatras, el primer contacto y a veces único de los enfermos con los servicios médicos.

Comentó que en 2010 operó a un paciente de trastorno obsesivo compulsivo. Sus demás pacientes han padecido de agresividad incontrolable.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló en 2000 que los países deberían dar relevancia a la atención de los padecimientos mentales, pues en pocos años podrían representar la principal causa de discapacidad y de años de vida saludable perdidos.

En México, la Encuesta Nacional de Epidemiología Siquiátrica (2003) aportó la evidencia más clara de la problemática: 28.6 por ciento de la población presenta un trastorno mental alguna vez en su vida; de ella, 14 por ciento lo reportó en el último año y 5.8 en los 30 días previos a la entrevista.

Los más frecuentes son la ansiedad, los trastornos por uso de sustancias y los afectivos, entre los cuales están la depresión y la bipolaridad.

Foto
Nosocomio de EcatepecFoto Marco Peláez

Las opciones terapéuticas para el control de estos males y otros, como el dolor crónico y los trastornos alimentarios, son diversas e incluyen sicoterapia y medicamentos. De éstos últimos, la industria farmacéutica continuamente da a conocer novedosos avances farmacológicos para mejorar el control de los padecimientos, comentó Ondarza Rovira.

Hubo una época en la década de los 70 en que se planteó la posibilidad de alcanzar la cura con el uso de medicamentos. El tiempo demostró que no era posible, indicó el especialista. La mayoría de enfermos reporta mejoras sustanciales en el control de los síntomas, pero queda otro grupo, de 20 a 30 por ciento del total, que por diversas razones no se ve beneficiado con esas terapias.

Esos casos con historia comprobada de terapias diversas sin éxito serían los candidatos a la cirugía estereotáctica funcional, recomendada primero por el siquiatra y luego por un equipo multidisciplinario de médicos que debe evaluar al enfermo y su expediente antes de autorizar el procedimiento quirúrgico.

La cirugía estereotáctica funcional también se utiliza comúnmente para el control de enfermedades funcionales como el mal de Parkinson y la epilepsia.

Ondarza Rovira explicó que es un procedimiento de invasión mínima, planeada con técnicas de neuronavegación y computarizadas, que guían al cirujano hacia el interior del cerebro, las zonas profundas, hasta el punto exacto donde se localiza la alteración causante de enfermedad.

Con una precisión milimétrica de más/menos uno, explicó Ondarza, es posible interrumpir los circuitos nerviosos y eliminar los síntomas más graves de los padecimientos. En el caso de la epilepsia, se puede hablar incluso de la cura total en algunos pacientes, aseguró.

Recordó que por las expectativas que generaron los medicamentos, la cirugía estereotáctica funcional prácticamente desapareció. Coincidió, además, con una polémica por las dudas sobre su eficacia, la cual se resolvió favorablemente con el trabajo de una comisión de investigación biomédica en Estados Unidos.

Ese organismo verificó que la cirugía estereotáctica funcional es eficaz. Se siguió practicando y cobró auge con el advenimiento de los sistemas computarizados para estudios de tomografía, resonancia magnética y sistemas robóticos.

Se amplió la cantidad de aplicaciones y en la actualidad la operación también se utiliza para localizar enfermedades vasculares, malformaciones arteriovenosas, tumores cerebrales y lesiones quísticas, entre otras.

Para los trastornos siquiátricos, lo más importante es que los afectados pueden reincorporarse a la sociedad, a sus trabajos y actividades normales, pues su mejoría es de 80 por ciento. Ondarza reconoció que algunos requerirán continuar con medicación, pero con mejores resultados en su calidad de vida.


domingo, 15 de enero de 2012

SALCHICHAS Y EL CANCER

SDP NOTICIAS
Las personas que comen una o más salchichas al día tienen
mayor posibilidad de
contraer cáncer de páncreas.
El comer una salchicha o dos tiras de tocino al día aumenta
el riesgo de contraer cáncer de
páncreas.
Científicos han encontrado que incluso las cantidades
relativamente pequeñas de carne
procesada aumentan la posibilidad de desarrollar una
enfermedad mortal.
El cáncer de páncreas es también conocido como el asesino
silencioso porque a menudo no
produce ningún síntoma en las etapas tempranas de la
enfermedad.
Los síntomas son dolor de espalda, pérdida de apetito y
pérdida de peso y para el momento en
el que la enfermedad se diagnostica ya es demasiado tarde
y debido a esto tiene una de las
peores tasas de supervivencia de todos los cánceres y sólo
el 3 por ciento de los pacientes
vive más allá de cinco años.

jueves, 5 de enero de 2012

Osteoporosis por falta de manganeso

Hallazgo sobre los cuernos de los ciervos cuestiona el origen de la osteoporosis
jan 3, 2012 Author: Doc | Filed under: General
Los cuernos de los ciervos son prácticamente irrompibles. Pero en 2005 algo le sucedió a estos animales en España porque sus cornamentas comenzaron a fracturarse de forma alarmante. Para resolver el misterio, un equipo del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos de la Universidad de Castilla-La Mancha analizó en detalle los cuernos rotos y observó que la causa de la debilidad era una reducción del manganeso, un mineral que obtienen por la alimentación. Este hallazgo les lleva a plantear la hipótesis de que quizás esto ocurra también en los humanos y el origen de la osteoporosis sea un descenso de este mineral y no la pérdida de calcio, como se cree hasta ahora.

lunes, 2 de enero de 2012

Moncayo: Huapango de




El huapango de Moncayo ¿te dice algo?
Ayer estuve escuchando un concierto de la OFUNAM en el que incluyeron el inigualable HUAPANGO DE MONCAYO. Debo decirlo !ME EMOCIONE MUCHO!, siempre me ha emocionado esta brillante y "pirotécnica" obra, pero mientras la escuchaba estuve visualizando el México que Moncayo retrató con su música y NO se parece en nada al México que ahora vemos.

Moncayo en su inmortal obra nos da visiones de sol, de unión, de trabajo, de progreso, de lucha POSITIVA, de pueblitos risueños, de mano con mano, de trabajo, de MEXICANIDAD, de construcción, DE AMOR.

Si Moncayo pintó ese Mexico en su música, como si lo hubiera hecho en un lienzo, es porque existía ¿QUE NOS PASÓ QUE AHORA NOS ODIAMOS TANTO Y NOS TRATAMOS DE HACER PEDAZOS? ¿que obra se podría escribir con el México que ahora vemos? ¿Podría Moncayo "bordar" a México como lo hizo con la mediocridad que ahora nos aplasta? ¿que pasó con la MEXICANIDAD, la de a de veras, no la de discursete amañado y politicos avorazados?

Para muchos será muy ridícula mi reflexión y realmente no me importa. Habrá gente sensible que entienda de que estoy hablando.

tomado de:http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20091102103432AA2U707



Ahora observen y escuchen esta otra versión bellamente narrada a través de nuestros bailables y atuendos regionales que interpretan el Huapango de Moncayo con excelente armonía y propiedad.






AMLO:Fundamentos para una república amorosa


Andrés Manuel López Obrador

La decadencia que padecemos se ha producido, tanto por la falta de oportunidadesde empleo, estudio y otros satisfactores básicos como por la pérdida de valores culturales, morales y espirituales. Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimientode México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo, auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.

Es sabido que los seres humanos necesitan bienestar. Es prácticamente aceptado por todos que nadie puede ser feliz sin tener trabajo, alimentación o cualquier otra necesidad, material o biológica. Un hombre en la pobreza piensa en cómo sobrevivir antes de ocuparse de tareas políticas, científicas, artísticas o espirituales.

Pero también es incuestionable que el sentido de la vida no se reduce sólo a la obtención de lo material, a lo que poseemos o acumulamos. Una persona sin apego a una doctrina o a un código de valores, no necesariamente logra la felicidad. Inclusive, en algunos casos, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, conduce a una vida vacía y deshumanizada. De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar nuestros mejores sentimientos de bondad.


Cuando hablamos de una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual, estamos proponiendo regenerar la vida pública de México mediante una nueva forma de hacer política, aplicando en prudente armonía tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor. Honestidad y justicia para mejorar las condiciones de vida y alcanzar la tranquilidad y la paz pública; y el amor para promover el bien y lograr la felicidad.

La honestidad es la mayor riqueza de las naciones y, en nuestro país, este valor se ha venido degradando cada vez más. Aunque esto atañe a todos los sectores sociales, es, sin duda, la deshonestidad de los gobernantes y de las élites del poder, lo que más ha deteriorado la vida pública de México, tanto por el mal ejemplo como por la apropiación de bienes y riquezas de la colectividad. Inclusive puede afirmarse que la inmoralidad es la causa principal de la desigualdad y de la actual tragedia nacional. Dicho en otras palabras: nada ha deteriorado más a México que la corrupción política.

No obstante, siendo éste el principal problema del país y, aunque resulte increíble, es un tema que no aparece en la agenda nacional. Se habla de reformas estructurales de todo tipo, pero este grave asunto no se considera prioritario. Es más, no es tema en el discurso político, por el contrario, en la actualidad se ha extendido la especie del regreso del PRI, con la creencia de que ellos roban pero dejan robar y en el contexto de la máxima, según la cual, quien no transa no avanza.

Aunque se vive en el llamado mundo de la globalidad, tampoco se piensa en importar ejemplos de países y gobiernos que han tenido éxito en hacer de la honestidad el principio rector de su vida pública. En la información más reciente sobre índices de la percepción de la corrupción en 182 países del mundo, mientras Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia y Suecia ocupan los primeros lugares en honestidad, México ocupa el lugar 100. Y, como es obvio, ellos tienen mejores niveles de bienestar. Pero lo paradójico y absurdo es que en la sociedad mexicana existe este valor y ni siquiera tendríamos que importarlo. Es decir, si hubiese voluntad para aprovechar las bondades de la honestidad, sólo sería cosa de exaltarla, de cultivarla entre todos y hacerla voluntad colectiva.

En los pueblos del México profundo se conserva aún la herencia de la gran civilización mesoamericana y existe una importante reserva de valores para regenerar la vida pública. Me consta que hay comunidades donde las trojes que se usan para guardar el maíz están en el campo, en los trabajaderos, lejos del caserío y nadie piensa en apropiarse del trabajo ajeno. En muchos lugares, hasta hace poco, no se tenía noción del robo. Aquí cuento que recientemente un joven compañero de Morena olvidó su cartera en el revistero de un avión comercial y días después recibió la llamada de un campesino migrante desde un lugar de California para informarle que él había encontrado su cartera con sus datos y dinero. El campesino migrante, originario de una comunidad de Veracruz, le preguntó sobre cuánto llevaba en la cartera y una vez aclarado el asunto se la envió a su domicilio. Mi joven compañero le preguntó al migrante, que apenas hablaba bien el español, por qué lo hacía. Le contestó que sus padres le habían enseñado a hacer el bien sin mirar a quién y que si actuaba así tendría en la vida una recompensa mayor.

Por ello digo que la honestidad es una virtud que aún poseemos y sólo es cosa de revalorarla, de darle su lugar, de ponerla en el centro del debate público y de aplicarla como principio básico para la regeneración nacional. Elevar la honestidad a rango supremo nos traería muchos beneficios. Los gobernantes contarían con autoridad moral para exigir a todos un recto proceder, nadie tendría privilegios. Se podría aplicar un plan de austeridad republicana para reducir los sueldos elevadísimos de los altos funcionarios públicos y eliminar los gastos superfluos. Asimismo, con este imperativo ético por delante se recuperarían recursos que hoy se van por el caño de la corrupción y se destinarían al desarrollo y al bienestar del pueblo.

La justicia. Todavía es vigente la frase bíblica de Madero de que el pueblo de México tiene hambre y sed de justicia. Es la demanda incumplida, pendiente, a pesar de la Revolución y de toda la retórica de los gobiernos posteriores. Tampoco aparece en la agenda de la llamada clase política. No obstante, es la sombra que nos persigue, que nos impide estar bien con nuestras conciencias y ser más humanos.

La pobreza en México es una amarga realidad, entristece, parte el alma y se encuentra por todos lados. Está presente en los estados del norte, donde antes no había tanta. Es notoria en las colonias populares de grandes concentraciones urbanas y de las ciudades fronterizas; en el campo de Zacatecas, Nayarit y Durango; predomina en el centro, en el sur y en el sureste del país, sobre todo en comunidades indígenas. En todas partes la gente no tiene oportunidades de empleo y se ve obligada a emigrar de sus comunidades, abandonando a sus familias, costumbres y tradiciones. La producción de autoconsumo, los programas de apoyo gubernamental y la ayuda que reciben quienes tienen familiares en el extranjero, no alcanza más que para sobrevivir. No hay para el pasaje, la medicina, para pagar el gas, el recibo de la luz, ni mucho menos para comer bien.

En México la falta de justicia debe avergonzarnos más porque no existe ninguna razón natural o geográfica que la justifique. Nuestro país, a pesar de que lo han saqueado por siglos, todavía es de los que poseen más recursos naturales en el mundo. En todo su territorio hay riquezas: en el norte, minas de oro, plata y cobre; en el sur, agua, gas y petróleo y, en todos lados, el pueblo cuenta con cultura, vocación de trabajo y con una inmensa bondad. De modo que la pobreza no puede atribuirse a la falta de recursos, a la fatalidad, al destino o a la supuesta flojera e indolencia de los mexicanos. Como hemos dicho, se debe a la corrupción imperante y a la economía de elite que sólo beneficia a una pequeña minoría. Lo más lamentable es que, aun con el sufrimiento que implica esta política económica, se insiste en perpetuarla a cualquier costo. Hay una estrategia deliberada para ocultar hasta lo evidente. No se difunden las cifras oficiales que demuestran cómo la llamada política neoliberal nos llevó a la ruina y a un mayor deterioro de la convivencia social. No se dice que en los pasados 15 años, por ejemplo, solo se han generado anualmente 500 mil empleos formales en promedio, cuando se requieren un millón 200 mil. Es decir, cada año 700 mil mexicanos han tenido que emigrar, buscarse la vida en la economía informal o tomar el camino de las conductas antisociales. Tampoco se habla de que hoy 67 por ciento de los trabajadores con empleo, siete de cada 10, reciben ingresos que no superan los tres salarios mínimos, o sea, 13 dólares o 10 euros diarios. Con esos sueldos nadie podría vivir en Estados Unidos ni en Europa.

Por ello, insisto, lo que más desespera y molesta es que quienes realmente gobiernan no hacen nada para evitar el deterioro sistemático de los niveles de vida. Este año, por mantener el negocio de unos cuantos en la compra de los combustibles en el extranjero, va a aumentar la gasolina, el diesel y el gas al doble de la inflación, y como resultado continúa la pérdida del poder adquisitivo del salario. En el más reciente reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM se sostiene que un salario mínimo hace 29 años alcanzaba para comprar 51 kilos de tortilla, o 250 piezas de pan blanco, o 12 kilos de frijol bayo; y ahora, sólo alcanza para adquirir cinco kilos de tortilla o 25 piezas de pan blanco o tres kilos de frijol. De ese tamaño ha sido el empobrecimiento de la gente.

Pero quizá lo que más revela la insensibilidad y el desprecio por la gente, es la forma en que se enfrenta la crisis de inseguridad y de violencia. El gobierno y las elites del poder son incapaces de aceptar que la pobreza y la falta de oportunidades de empleo y bienestar originaron este estallido de odio y resentimiento. Y, como es obvio, menos les importa atender las causas del problema. Por el contrario, en una especie de enajenación autoritaria, pretenden resolverlo con medidas coercitivas, enfrentando la violencia con la violencia, como si el fuego se pudiese apagar con fuego. Se dicen creyentes, pero olvidan que no es la violencia, sino el bien, lo que suprime el mal.

A este pensamiento hipócrita y conservador, debemos oponer el criterio de que la inseguridad y la violencia sólo pueden ser vencidas con cambios efectivos en el medio social y con la influencia moral que se pueda ejercer sobre la sociedad en su conjunto. No hay más que combatir la desigualdad para tener una sociedad más humana y evitar la frustración y las trágicas tensiones que provoca. Estamos, pues, preparados y decididos a resolver la actual crisis de inseguridad y de violencia. Lo haremos bajo el principio de que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia. La solución de fondo, la más eficaz y la más humana, pasa por enfrentar el desempleo, la pobreza, la desintegración familiar, la pérdida de valores y por incorporar a los jóvenes al trabajo y al estudio.

El amor. Como hemos sostenido, la crisis actual se debe no sólo a la falta de bienes materiales sino también por la pérdida de valores. De ahí que sea indispensable auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.

La descomposición social y los males que nos aquejan, no sólo deben contrarrestarse con desarrollo y bienestar y medidas coercitivas. Lo material es importante, pero no basta: hay que fortalecer los valores morales.

A partir de la reserva moral y cultural que todavía existe en las familias y en las comunidades del México profundo, y apoyados en la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo, debemos emprender la tarea de exaltar y promover valores individuales y colectivos. Es urgente revertir el desequilibrio que existe entre el individualismo dominante y los valores orientados a hacer el bien en pro de los demás.

Yo sé que este tema es muy polémico, pero creo que si no se pone en el centro de la discusión y del debate, no iremos al fondo del problema. Tenemos que convencer y persuadir que si no buscamos alcanzar un ideal moral, no se podrá transformar a México. Sólo así podremos hacer frente a la mancha negra de individualismo, codicia y odio que se viene extendiendo cada vez más y que nos ha llevado a la degradación progresiva como sociedad y como nación.

Quienes piensan que este tema no corresponde a la política, olvidan que la meta última de la política es lograr el amor, hacer el bien, porque en ello está la verdadera felicidad. Baste señalar que, desde 1776, en la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, se propone como uno de sus objetivos fomentar la felicidad, a fin de formar una unión más perfecta. En el artículo primero de la Constitución francesa de 1793 se menciona que el fin de la sociedad es la felicidad común. Asimismo, en nuestra Constitución de Apatzingán de 1814, se estableció el derecho del pueblo a la felicidad. Hay también quienes sostienen que hablar de fortalecer los valores espirituales es inmiscuirse en el terreno de lo religioso. La respuesta sobre este asunto la da Alfonso Reyes, de manera magistral, en su Cartilla Moral. Dice que el bien no sólo es obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general. El bien no sólo se funda en una recompensa que el religioso espera recibir en el cielo. Se funda también en razones que pertenecen a este mundo.

En los pueblos de Oaxaca, por ejemplo, los miembros de la comunidad practican sus creencias religiosas y, al mismo tiempo, trabajan en obras públicas y en cargos de gobierno, sin recibir salario o sueldo, motivados por el principio moral de que se debe servir a los demás, a la colectividad. No domina el individualismo; la persona no vale por lo que tiene o por los bienes materiales que acumule, sino por el prestigio que logra después de probar su vocación de servicio, su rectitud y el amor a sus semejantes, y esa es su mayor recompensa en la tierra.

Luego entonces, el propósito es contribuir en la formación de mujeres y hombres buenos y felices, con la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso. El que tiene la conciencia tranquila duerme bien, vive contento. Debemos insistir en que hacer el bien es el principal de nuestros deberes morales. El bien es una cuestión de amor y de respeto a lo que es bueno para todos. Además, la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos o fama, sino estando bien con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo.

La felicidad profunda y verdadera no consiste en los placeres momentáneos y fugaces. Ellos aportan felicidad sólo en el momento que existen y después queda el vacío de la vida que puede ser terriblemente triste y angustioso. Cuando se pretende sustituir la entrega al bien con esos placeres efímeros puede suceder que éstos conduzcan a los vicios, a la corrupción y que aumente más y más la infelicidad humana. En consecuencia, es necesario centrar la vida en hacer el bien, en el amor, y a su vez, armonizar los placeres que ayudan a aliviar las tensiones e insatisfacciones de la vida. José Martí decía que el autolimitarnos, la doma de sí mismo, forja la personalidad, embellece la vida y da felicidad. Pero en caso de conflicto o cuando se tiene que optar, inclinarse por el bien ha de predominar sobre los placeres momentáneos. Por eso es muy importante una elaboración libre, personal, sobre lo que constituye el bien para cada uno de nosotros, según sea nuestra manera de ser y de pensar, nuestra historia vital y nuestras circunstancias sociales.

Sin embargo, existen preceptos generales que son aceptados como fuente de la felicidad humana. Alfonso Reyes, en su Cartilla Moral, los aborda desde el más individual hasta el más general, desde el más personal hasta el más impersonal, podemos imaginarlos, dice, como una serie de círculos concéntricos, comenzamos por el interior y vamos tocando otro círculo más amplio. Según Reyes, son seis preceptos básicos los que forman parte del código del bien: el respeto a nuestra persona en cuerpo y alma; el respeto a la familia; el respeto a la sociedad humana en general, y a la sociedad en particular; el respeto a la patria; el respeto a la especie humana; y el respeto a la naturaleza que nos rodea.

Mucho antes, León Tolstoi en su libro Cuál es mi fe, sostenía que son cinco las condiciones para la felicidad terrenal admitidas generalmente por todo mundo: el poder gozar del cielo, del sol, del aire puro, de toda la naturaleza; el trabajo que nos gusta y hemos elegido libremente; la armonía familiar; la comunión libre y afectuosa con todos los hombres; la salud, y la muerte sin enfermedad.

Por supuesto que hay otros preceptos que deben ser exaltados y difundidos: el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y a la verdadera legalidad. También deben incluirse valores y derechos de nuestro tiempo, como la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas. Y en todo ello, no dejar de admitir que en nuestras familias y pueblos existe una reserva moral de importantes valores de nuestras culturas que se han venido forjando de la mezcla de distintas civilizaciones y, en particular, de la admirable persistencia de la gran civilización mesoamericana.

En suma, estos fundamentos para una república amorosa deben convertirse en un código del bien. De ahí que hagamos el compromiso de convocar con este propósito a la elaboración de una constitución moral a especialistas en la materia, filósofos, sicólogos, sociólogos, antropólogos y a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto, como los ancianos venerables de las comunidades indígenas, los maestros, las padres y madres de familia, los jóvenes, los escritores, las mujeres, los empresarios, los defensores de la diversidad y de los derechos humanos, los practicantes de todas las religiones y los libre pensadores.

Una vez elaborada esta constitución moral, debemos hacer el compromiso de fomentar estos valores mediante todos los medios posibles. Introducir en la enseñanza la educación moral, darle toda la importancia que tienen materias como el civismo, la ética y la filosofía; propagar virtudes y destacar ejemplos positivos en los medios de comunicación. El propósito no sólo es frenar la corrupción política y moral que nos está hundiendo como sociedad y como nación, sino establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad.