martes, 11 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Los indignados
Los indignados: el retorno de la política
vota: | Existen 1 votos
MARCOS ROITMAN ROSENMANN**
28 Septiembre 2011
Tags Relacionados: 15M, movimientos sociales, los indignados, españa, participacion politica,
"Entre todos, debemos rescatar la política de quienes la han secuestrado haciendo de ella un oficio espurio, alejado del bien común y dependiente de los poderes empresariales y financieros"
Foto: Archivo Vanguardia
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Introducción
Vivimos de incertidumbre, y no puede ser de otra manera. La vida es un proceso sin caminos preestablecidos. Algo similar ocurre con el capitalismo. Sus certezas no son tales. Quienes diseñan sus trazados lo saben; razón de peso para crear diques de contención desde los cuales controlar el movimiento de las aguas. Si el nivel sube a límites peligrosos, deben abrirse las compuertas, y liberar presión. Ante todo seguridad.
La luz roja nunca se apaga. Los hacedores de políticas son conscientes de ello, sobre todo quienes, desde el tablero, mueven, cuando pueden, las fichas con el fin de controlar la partida. El sistema social busca jugadores respetuosos de las reglas. Patear el tablero no se contempla. Y si por una casualidad la partida no transcurre o se ajusta al itinerario, se puede acusar al adversario de utilizar malas artes, y descalificarlo.
Así vive el capitalismo, sobresaltado, agazapado tras la razón de Estado y las fuerzas armadas, evitando el desborde. El enemigo interno, otrora el comunismo, era la fuerza para la cual se planificaban los diques. Hoy, el enemigo muta. Desde el ataque a las torres gemelas y el pentágono en setiembre de 2001, su espacio lo ocupa el llamado terrorismo internacional. Y acorde a los intereses políticos de occidente y los Estados Unidos, el calificativo de terrorista puede recaer en cualquier organización o persona que Occidente y los Estados Unidos consideren un peligro. Desempleados, campesinos, trabajadores, juventud, estudiantes, mujeres, pueblos originarios, inmigrantes, afectados por las hipotecas, grupos de liberación sexual, gais, lesbianas y transexuales.
La criminalización de los movimientos sociales, su ilegalización y persecución forma parte de esta visión totalitaria. Así lo entiende la derecha cuando habla de una alianza anti-sistema y anti-globalización. Sus miembros, señala: “aglutinan a la izquierda que fracasó en mayo de 1968, a los que jalearon el comunismo y hoy ven con complacencia la pulsión anti-occidental del islamismo yahaidista, a los antiglobalizadores altermundistas y a las distintas manifestaciones del indigenismo, del populismo y del fanatismo religioso (…) esta alianza no es solo teoría. Hay coincidencia de actuación entre Venezuela, Iran y Siria.”(2) Ya no es el movimiento comunista. Hoy, el enemigo es gelatinoso, y la posibilidad de ser adjetivado como terrorista aumenta según se le considera un peligro para el orden social. En América latina, el mismo documento informa que en la triple frontera, Argentina, Brasil y Paraguay “aumenta la inquietud por la actividad terrorista de los grupos islamistas al ser un centro neurálgico de financiación tanto como de la venta de armas, drogas y contrabando (…) Europa debe hacer ver que América Latina está inmersa en la amenaza de Al-Qaeda y es su objetivo”.
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MARCOS ROITMAN ROSENMANN**
28 Septiembre 2011
Tags Relacionados: 15M, movimientos sociales, los indignados, españa, participacion politica,
"Entre todos, debemos rescatar la política de quienes la han secuestrado haciendo de ella un oficio espurio, alejado del bien común y dependiente de los poderes empresariales y financieros"
Foto: Archivo Vanguardia
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Introducción
Vivimos de incertidumbre, y no puede ser de otra manera. La vida es un proceso sin caminos preestablecidos. Algo similar ocurre con el capitalismo. Sus certezas no son tales. Quienes diseñan sus trazados lo saben; razón de peso para crear diques de contención desde los cuales controlar el movimiento de las aguas. Si el nivel sube a límites peligrosos, deben abrirse las compuertas, y liberar presión. Ante todo seguridad.
La luz roja nunca se apaga. Los hacedores de políticas son conscientes de ello, sobre todo quienes, desde el tablero, mueven, cuando pueden, las fichas con el fin de controlar la partida. El sistema social busca jugadores respetuosos de las reglas. Patear el tablero no se contempla. Y si por una casualidad la partida no transcurre o se ajusta al itinerario, se puede acusar al adversario de utilizar malas artes, y descalificarlo.
Así vive el capitalismo, sobresaltado, agazapado tras la razón de Estado y las fuerzas armadas, evitando el desborde. El enemigo interno, otrora el comunismo, era la fuerza para la cual se planificaban los diques. Hoy, el enemigo muta. Desde el ataque a las torres gemelas y el pentágono en setiembre de 2001, su espacio lo ocupa el llamado terrorismo internacional. Y acorde a los intereses políticos de occidente y los Estados Unidos, el calificativo de terrorista puede recaer en cualquier organización o persona que Occidente y los Estados Unidos consideren un peligro. Desempleados, campesinos, trabajadores, juventud, estudiantes, mujeres, pueblos originarios, inmigrantes, afectados por las hipotecas, grupos de liberación sexual, gais, lesbianas y transexuales.
La criminalización de los movimientos sociales, su ilegalización y persecución forma parte de esta visión totalitaria. Así lo entiende la derecha cuando habla de una alianza anti-sistema y anti-globalización. Sus miembros, señala: “aglutinan a la izquierda que fracasó en mayo de 1968, a los que jalearon el comunismo y hoy ven con complacencia la pulsión anti-occidental del islamismo yahaidista, a los antiglobalizadores altermundistas y a las distintas manifestaciones del indigenismo, del populismo y del fanatismo religioso (…) esta alianza no es solo teoría. Hay coincidencia de actuación entre Venezuela, Iran y Siria.”(2) Ya no es el movimiento comunista. Hoy, el enemigo es gelatinoso, y la posibilidad de ser adjetivado como terrorista aumenta según se le considera un peligro para el orden social. En América latina, el mismo documento informa que en la triple frontera, Argentina, Brasil y Paraguay “aumenta la inquietud por la actividad terrorista de los grupos islamistas al ser un centro neurálgico de financiación tanto como de la venta de armas, drogas y contrabando (…) Europa debe hacer ver que América Latina está inmersa en la amenaza de Al-Qaeda y es su objetivo”.
Perpetum Música a capela
Disfrutalo......
Haciendo llover con las manos!
http://www.youtube. com/watch? v=yjbpwlqp5Qw&feature=player_ embedded
El escritor británico Oscar Wilde dijo alguna vez que “la Naturaleza imita al arte”.
Los talentosos integrantes de este colectivo musical, cuyas obras son estrictamente ejecutadas a capella, son originarios de Eslovenia y su grupo se llama Perpetuum Jazzile. La imitación de la tormenta que vemos en el video, que precede al clásico tema “Africa” de la banda de rock Toto, fue grabada en video durante la edición 2008 del festival Vokal Xtravaganza
Haciendo llover con las manos!
http://www.youtube. com/watch? v=yjbpwlqp5Qw&feature=player_ embedded
El escritor británico Oscar Wilde dijo alguna vez que “la Naturaleza imita al arte”.
Los talentosos integrantes de este colectivo musical, cuyas obras son estrictamente ejecutadas a capella, son originarios de Eslovenia y su grupo se llama Perpetuum Jazzile. La imitación de la tormenta que vemos en el video, que precede al clásico tema “Africa” de la banda de rock Toto, fue grabada en video durante la edición 2008 del festival Vokal Xtravaganza
martes, 20 de septiembre de 2011
El Chapo en Palacio Nacional
“Viva El Chapo”
Pedro Miguel
P
ueden verlo en Youtube –si antes no bajan el video–, en youtu.be/UdiQ4PWIPuU. La exclamación burlona revienta justo después de que el señor del balcón ha terminado de emitir unos vivas compactos, con la nómina de héroes patrios reducida al mínimo indispensable, casi a una comisión de ellos. Abajo, entre la gente rala que ha llegado hasta el Zócalo, la exhortación es respondida con rechiflas, y gritos de ¡buuuuu! y de ¡culero!, pero conforme avanza la enumeración de nombres propios, el gentío se disciplina y corea los vivas. Pero en cuanto el hombrecito de la bandera culmina sus gritos y antes de que accione la campana, alguien complementa: “¡Viva El Chapo!”
Es claro que no se trata de un narcogrito, sino de un chistorete de gusto horrible, pero igual lastima y duele: el mote del criminal de grandes vuelos, el hombre al que muchos dan por narco favorito (y, por eso, incómodo) de dos sexenios, el que se fuga con Fox y se empodera con Calderón, aparece incrustado entre los nombres de Hidalgo, Morelos, la Corregidora, Allende, Aldama y Matamoros. Después de la independencia y del topónimo que nos identifica, “viva El Chapo”.
Cómo saber si el dueño de esa voz anónima quería sólo pasarse el ceremonial por el arco del triunfo, o si se sintió insultado, a su vez, por la vacuidad y el extremado descaro de los exhortos cívicos que caían del balcón presidencial, y decidió ser espejo del cinismo patente en ellos, o si algo sabe sobre el tema y se tomó la libertad de especular sobre lo que en realidad quería gritar el gobernante, o si sólo estaba borracho.
Unas horas antes, esa mañana, Calderón anduvo hablando de las virtudes de la democracia, de la pertinencia de contar los votos, de la necesidad de evitar que el poder público haga campaña por uno de los candidatos. Todo mundo recuerda su imposición en el cargo haiga sido como haiga sido, menos él, que ya la olvidó. Y luego, por la noche, se le escuchó gritar vivas a la independencia nacional; a él, que tanto se ha esforzado –y con tan buenos resultados– por destruirla; a él, que ha sido más entreguista que todos sus antecesores juntos; a él, que vía García Luna endosó los servicios de la inteligencia mexicana a las dependencias gringas de espionaje; a él, que rescata con nuestro dinero empresas especuladoras españolas en problemas. A él, que firmó la Iniciativa Mérida para someter a las fuerzas policiales y militares del país a los designios del gobierno de Washington, aliado de todos los bandos en la guerra que se desarrolla en México.
El exasperante cinismo social que se expresó en ese botón de muestra, la noche del 15 de septiembre en el Zócalo, es uno de los saldos del proyecto político-económico que le fue impuesto a México a partir de los años 80 del siglo pasado. Desde las cúpulas institucionales es posible promover valores en la sociedad, pero también miserias, y no sólo económicas. Durante tres décadas se ha sometido a México a una sistemática obra de demolición que ha sido presentada como construcción de una nación mejor. El régimen –en su advocación tricolor o o en la blanquiazul– se ha empeñado en inculcar en la población el desdén por los otros, la deconstrucción de los principios gregarios y el vaciamiento de sentido de la historia nacional. El máximo homenaje oficial a los próceres independentistas consistió en revivir el escarmiento realista de la exhibición necrofílica de sus cráneos.
Cuando Salinas de Gortari se toma la molestia de criticar el neoliberalismo que él mismo impuso a sangre y corrupción en el país, cuando se nos dice que nos están matando por nuestro propio bien, cuando se afirma que la economía nacional está sólida y marcha por el rumbo correcto, ya se puede incluir los nombres de uno que otro narcotraficante en el listado de héroes que nos dieron patria.
Para contrarrestar ese cinismo se requiere de mucho esfuerzo y de una actividad que va más allá de la lucha estrictamente política. Por ejemplo, contar día a día, en todos los ámbitos del país, la historia nacional, restituirle su sentido, vincular las gestas de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución, con el momento actual. Y como el sistema educativo y el aparato propagandístico del Estado están, al igual que el conjunto de la institucionalidad, secuestrados por la reacción delictiva, el trabajo debe hacerse desde abajo. La verdadera educación pública –de niños y de adultos– depende de la capacidad de la sociedad para organizar esa tarea necesaria.
navegaciones@yahoo.com • http://navegaciones.blogspot.com • http://twitter.com/Navegaciones
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Pedro Miguel
P
ueden verlo en Youtube –si antes no bajan el video–, en youtu.be/UdiQ4PWIPuU. La exclamación burlona revienta justo después de que el señor del balcón ha terminado de emitir unos vivas compactos, con la nómina de héroes patrios reducida al mínimo indispensable, casi a una comisión de ellos. Abajo, entre la gente rala que ha llegado hasta el Zócalo, la exhortación es respondida con rechiflas, y gritos de ¡buuuuu! y de ¡culero!, pero conforme avanza la enumeración de nombres propios, el gentío se disciplina y corea los vivas. Pero en cuanto el hombrecito de la bandera culmina sus gritos y antes de que accione la campana, alguien complementa: “¡Viva El Chapo!”
Es claro que no se trata de un narcogrito, sino de un chistorete de gusto horrible, pero igual lastima y duele: el mote del criminal de grandes vuelos, el hombre al que muchos dan por narco favorito (y, por eso, incómodo) de dos sexenios, el que se fuga con Fox y se empodera con Calderón, aparece incrustado entre los nombres de Hidalgo, Morelos, la Corregidora, Allende, Aldama y Matamoros. Después de la independencia y del topónimo que nos identifica, “viva El Chapo”.
Cómo saber si el dueño de esa voz anónima quería sólo pasarse el ceremonial por el arco del triunfo, o si se sintió insultado, a su vez, por la vacuidad y el extremado descaro de los exhortos cívicos que caían del balcón presidencial, y decidió ser espejo del cinismo patente en ellos, o si algo sabe sobre el tema y se tomó la libertad de especular sobre lo que en realidad quería gritar el gobernante, o si sólo estaba borracho.
Unas horas antes, esa mañana, Calderón anduvo hablando de las virtudes de la democracia, de la pertinencia de contar los votos, de la necesidad de evitar que el poder público haga campaña por uno de los candidatos. Todo mundo recuerda su imposición en el cargo haiga sido como haiga sido, menos él, que ya la olvidó. Y luego, por la noche, se le escuchó gritar vivas a la independencia nacional; a él, que tanto se ha esforzado –y con tan buenos resultados– por destruirla; a él, que ha sido más entreguista que todos sus antecesores juntos; a él, que vía García Luna endosó los servicios de la inteligencia mexicana a las dependencias gringas de espionaje; a él, que rescata con nuestro dinero empresas especuladoras españolas en problemas. A él, que firmó la Iniciativa Mérida para someter a las fuerzas policiales y militares del país a los designios del gobierno de Washington, aliado de todos los bandos en la guerra que se desarrolla en México.
El exasperante cinismo social que se expresó en ese botón de muestra, la noche del 15 de septiembre en el Zócalo, es uno de los saldos del proyecto político-económico que le fue impuesto a México a partir de los años 80 del siglo pasado. Desde las cúpulas institucionales es posible promover valores en la sociedad, pero también miserias, y no sólo económicas. Durante tres décadas se ha sometido a México a una sistemática obra de demolición que ha sido presentada como construcción de una nación mejor. El régimen –en su advocación tricolor o o en la blanquiazul– se ha empeñado en inculcar en la población el desdén por los otros, la deconstrucción de los principios gregarios y el vaciamiento de sentido de la historia nacional. El máximo homenaje oficial a los próceres independentistas consistió en revivir el escarmiento realista de la exhibición necrofílica de sus cráneos.
Cuando Salinas de Gortari se toma la molestia de criticar el neoliberalismo que él mismo impuso a sangre y corrupción en el país, cuando se nos dice que nos están matando por nuestro propio bien, cuando se afirma que la economía nacional está sólida y marcha por el rumbo correcto, ya se puede incluir los nombres de uno que otro narcotraficante en el listado de héroes que nos dieron patria.
Para contrarrestar ese cinismo se requiere de mucho esfuerzo y de una actividad que va más allá de la lucha estrictamente política. Por ejemplo, contar día a día, en todos los ámbitos del país, la historia nacional, restituirle su sentido, vincular las gestas de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución, con el momento actual. Y como el sistema educativo y el aparato propagandístico del Estado están, al igual que el conjunto de la institucionalidad, secuestrados por la reacción delictiva, el trabajo debe hacerse desde abajo. La verdadera educación pública –de niños y de adultos– depende de la capacidad de la sociedad para organizar esa tarea necesaria.
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martes, 23 de agosto de 2011
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